La chica
es la única en el mundo. Eso la convierte en el Dios de este mundo.
Cuando empezó a explorar lo que tenía a su alrededor, descubrió que
estaba en una isla. No había nadie más. No había nada que hacer. Eso era
todo lo que podía ofrecerle el mundo. La isla era pequeña, y se podía
recorrer a pie en medio día. Todo lo que podía ver era el mar, el cielo,
las nubes y el horizonte hasta donde alcanzaba la vista, en todas las
direcciones.

En la
isla había una mansión, que comunicaba con un viejo castillo a través de
un pasadizo. No sabía por qué esos edificios, que no encajaban en
absoluto con el paisaje, habían sido construidos ahí. Había una gran
cantidad de comida en conserva y productos de uso diario en la bodega
del castillo, así que no moriría de hambre (aunque sí pasó hambre hasta
que se dio cuenta de que eran comestibles).
Había
innumerables libros, tantos que no podían leerse a lo largo de una vida.
En ellos estaba todo lo que había en el mundo. Las historias que
contenían trataban sobre seres humanos. “Nadie puede vivir solo.” En
muchos libros había eso escrito. Pero la chica estaba sola. Y ella
vivía.
Pero estuvo cerca de la muerte varias veces debido a enfermedades o heridas. En la mayoría de esas ocasiones se debió a comer alimentos en mal estado, o plantas y cosas no comestibles que encontraba por ahí.
Pero estuvo cerca de la muerte varias veces debido a enfermedades o heridas. En la mayoría de esas ocasiones se debió a comer alimentos en mal estado, o plantas y cosas no comestibles que encontraba por ahí.

Reír, llorar, cosas que anteriormente eran necesarias, habían dejado de serlo. Habían llegado a su fin. Habían sido completadas.
La chica era la primera persona de la historia de la humanidad que podría considerarse promedia. Ya que las estadísticas totales se reducían a la suma de ella sola. Por eso todo lo que hacía era correcto. A la vez que todo podía estar equivocado.
La chica comenzó a pintar. Tenía libros, instrumentos musicales y cuadros, pero entre todas esas cosas, era la más adecuada para intentar reproducir a una persona. Sin embargo no le fue muy bien. Muchas veces se hartó de ello. Pero no le importó. Conforme pasaban las estaciones, empezó a hartarse de estar harta.
La chica es la única en el mundo. Eso la convierte en el Dios de este mundo.
No apreció nada anormal después de eso, aunque le siguió preocupando mientras lavaba las ropas manchadas de sangre. Cuando prácticamente se le había olvidado, la sangre volvió a salir de su cuerpo. En los días posteriores se sintió bastante rara. Pero en pocos días paró. Y más tarde volvió a pasar. Poco después, descubrió que a aquello se le llamaba menstruación. Era una señal de que había alcanzado la edad adulta, y al parecer ahora era capaz de engendrar un hijo. Sin embargo, en un mundo sin hombres…
La chica era la primera persona de la historia de la humanidad que podría considerarse promedia. Ya que las estadísticas totales se reducían a la suma de ella sola. Por eso todo lo que hacía era correcto. A la vez que todo podía estar equivocado.
La chica comenzó a pintar. Tenía libros, instrumentos musicales y cuadros, pero entre todas esas cosas, era la más adecuada para intentar reproducir a una persona. Sin embargo no le fue muy bien. Muchas veces se hartó de ello. Pero no le importó. Conforme pasaban las estaciones, empezó a hartarse de estar harta.
La chica es la única en el mundo. Eso la convierte en el Dios de este mundo.
No apreció nada anormal después de eso, aunque le siguió preocupando mientras lavaba las ropas manchadas de sangre. Cuando prácticamente se le había olvidado, la sangre volvió a salir de su cuerpo. En los días posteriores se sintió bastante rara. Pero en pocos días paró. Y más tarde volvió a pasar. Poco después, descubrió que a aquello se le llamaba menstruación. Era una señal de que había alcanzado la edad adulta, y al parecer ahora era capaz de engendrar un hijo. Sin embargo, en un mundo sin hombres…

Al final
consiguió aprender a pintar. Descubrió sin embargo que estaba más
capacitada para pintar escenas reales. Mientras lo tuviese delante de
sus ojos, no había problema. Pero algo que ya no existía, otra persona,
sería difícil de plasmar. Eso pensó la chica.
Un día, a la chica se le ocurrió hacer una hoguera en la playa. Sacó la idea de un libro en el que un hombre naufragaba en una isla. Una especie de rastro blanco ascendió hasta el cielo azul. Ella se preguntaba qué sería eso tan parecido a una nube, y acercó el rostro. Sus ojos y su garganta empezaron a escocerle terriblemente. Corrió despavorida y volvió a observar desde la distancia. Comprendió que aquello no le seria de utilidad. De forma similar, empezó a comprender lo que la rodeaba. Hasta que comprendió el significado de comprender algo.
Al final consiguió pintar a una persona. Hizo el retrato de un chico joven. Decidió añadir la imagen de ese chico a todos los paisajes que había pintado anteriormente. Dejó cada una de esas pinturas en el mismo lugar que plasmaban. En la isla no quedó un solo lugar que la chica no hubiese pintado. Así que el chico siempre estaba con ella allá donde fuera, ya que los dos se miraban mutuamente cada vez que ella veía un cuadro.
Un día, a la chica se le ocurrió hacer una hoguera en la playa. Sacó la idea de un libro en el que un hombre naufragaba en una isla. Una especie de rastro blanco ascendió hasta el cielo azul. Ella se preguntaba qué sería eso tan parecido a una nube, y acercó el rostro. Sus ojos y su garganta empezaron a escocerle terriblemente. Corrió despavorida y volvió a observar desde la distancia. Comprendió que aquello no le seria de utilidad. De forma similar, empezó a comprender lo que la rodeaba. Hasta que comprendió el significado de comprender algo.
Al final consiguió pintar a una persona. Hizo el retrato de un chico joven. Decidió añadir la imagen de ese chico a todos los paisajes que había pintado anteriormente. Dejó cada una de esas pinturas en el mismo lugar que plasmaban. En la isla no quedó un solo lugar que la chica no hubiese pintado. Así que el chico siempre estaba con ella allá donde fuera, ya que los dos se miraban mutuamente cada vez que ella veía un cuadro.

Pero la
chica se sentía en cierto modo insatisfecha. Se preguntó si eso era un
ser humano. Pero no, eso sólo era el retrato de un ser humano. No se
movía, no pensaba, simplemente estaba ahí. ¿Era eso la soledad? Tras
descubrir esa palabra, pudo preguntarse si era eso realmente lo que
sentía. No, no estaba sola.
La chica pasaba mucho tiempo mirando las pinturas. Mientras contemplaba al chico que había dibujado, le embargaba un sentimiento desconocido para ella. Sin saber muy bien cómo, empezó a pensar en casarse con él. En los libros había un número desorbitado de historias sobre el matrimonio. Hablaban de ello como algo importante en la vida de una persona. Estudió el proceso del matrimonio en profundidad.
La chica pasaba mucho tiempo mirando las pinturas. Mientras contemplaba al chico que había dibujado, le embargaba un sentimiento desconocido para ella. Sin saber muy bien cómo, empezó a pensar en casarse con él. En los libros había un número desorbitado de historias sobre el matrimonio. Hablaban de ello como algo importante en la vida de una persona. Estudió el proceso del matrimonio en profundidad.

La chica
se casó al día siguiente. Encontró un vestido en el castillo. En su
cabeza, respondió afirmativamente a la pregunta de si aceptaba a ese
hombre en matrimonio. Entonces besó al chico del retrato. Sabía a óleo.
Tiró el ramo de flores que había preparado. También preparó más comida
de la normal. Al fin y al cabo, era una ocasión festiva. Pero el vestido
le apretaba, y no pudo comérselo todo.
La chica finalmente arrojó el ramo, el vestido, y las sobras de la comida por el acantilado que usaba como basurero, y se fue a dormir. Y así se dio por terminada la ceremonia.
La chica finalmente arrojó el ramo, el vestido, y las sobras de la comida por el acantilado que usaba como basurero, y se fue a dormir. Y así se dio por terminada la ceremonia.
El día
después de la boda, la chica empezó a pintar autorretratos. Aunque
acababa de casarse, en su mundo seguía estando completamente sola. Por
eso comenzó a retratarse en las pinturas. Plasmó su imagen en todas y
cada una. En el mundo de los cuadros, los dos eran felices juntos. Mirar
los cuadros hacía que se sintiese extraña. La chica no reconocía ese
sentimiento. Aun así, siguió mirando ensimismada.
La chica es la única en el mundo. Eso la convierte en el Dios de este mundo.
Pasó algo
misterioso. Fue al día siguiente de repintar todos los cuadros, que
eran cientos. Los dos de las pinturas comenzaron a moverse. Aunque eso
no sorprendió a la chica, ya que carecía de la capacidad de juzgar qué
era normal y qué no. Su objetivo siempre había sido crear un ser humano.
"¿Ha funcionado?" El Dios miró el jardín en miniatura. Ella observó
cuidadosamente las pinturas. Los dos retratados parecían divertirse,
sonriéndose el uno al otro. Pero las pinturas estaban borrosas. El mundo
en sí parecía borroso. La chica se preguntó por qué. En su interior
despertó un extraño sentimiento. No era capaz de describir qué era.
Se preguntaba por qué las pinturas se veían tan borrosas, a pesar de que las había pintado tan claramente. Pese a todo, los dos de los cuadros se seguían sonriendo. De alguna forma creía saberlo. Volvió a pintarlas. Las pintó una y otra vez. Pero el resultado siempre era el mismo. No sabía qué hacer. Ya no estaba segura de nada.
Se preguntaba por qué las pinturas se veían tan borrosas, a pesar de que las había pintado tan claramente. Pese a todo, los dos de los cuadros se seguían sonriendo. De alguna forma creía saberlo. Volvió a pintarlas. Las pintó una y otra vez. Pero el resultado siempre era el mismo. No sabía qué hacer. Ya no estaba segura de nada.

La chica
es la única en el mundo. Eso la convierte en el Dios de este mundo. Así
que Dios pensó que debería crear un mundo mucho más claro. Quemó todos
los cuadros. Quemó la mansión y el viejo castillo. Junto a los
edificios, quemó todos sus recuerdos. Y en último lugar, Dios cogió el
último resto que quedaba del mundo, y lo tiró por el precipicio.
